Nos habían hablado muy bien de ella y, después de descartar Braga y de la excursión a Guimarães del día anterior, el tercer día de viaje decidimos hacer una excursión a Aveiro, a poco más de una hora de distancia en tren desde Oporto.
La línea de tren que va hasta Aveiro es una de las líneas de cercanías que tiene la ciudad y el tren hay que tomarlo también en la Estación de São Bento, ubicada en pleno centro de la ciudad.
Desde Oporto, los trenes hacia Aveiro salen cada 15-20 minutos. Podéis consultar los horarios en la web de Comboios de Portugal. El precio del billete es de 6,80€ ida y vuelta, pero tenéis que tener en cuenta que si es el primer trayecto que realizáis os cobrarán 0,50€ por la tarjeta magnética que hace de billete, una tarjeta que podréis recargar para cualquier otro trayecto. Nosotros la reaprovechamos del día anterior, cuando habíamos ido a Guimarães.
Las fiestas de São Gonçalinho en Aveiro
Sin saberlo, llegamos a Aveiro durante el fin de semana en el que uno de los barrios de la ciudad, Beira-Mar, celebra las fiestas en honor a São Gonçalinho (10 de enero), un santo al que popularmente llaman «el niño».
Sin saber muy bien qué significaba todo el revuelo que había por la zona cuando la lluvia daba un momento de tregua, llegamos a una pequeña capilla, la capilla de São Gonçalinho, y asombrados contemplamos cómo desde lo alto de su tejado la gente iba lanzando unos dulces que más tarde descubriríamos que se llaman cavacas.
Resulta que la tradición dice que la gente de Aveiro debe subir al tejado de esta pequeña iglesia y lanzar estos dulces como señal de agradecimiento por todas las cosas buenas que les han sucedido durante el año. Lo curioso de todo, y lo que más nos llamó la atención, es que en la plaza numerosas personas esperan con paraguas colocados del revés y salabres de pesca con palos extra largos para «pescar» estos dulces. ¡Había auténticos expertos!
Lo reconocemos: una vez pasada la «sorpresa» inicial ante aquel ritual, decidimos hacer nuestra aquella frase castellana de allá donde fueres, haz lo que vieres, así que, como llevábamos paraguas, durante un rato decidimos usarlos para «pescar» cavacas, en lugar de para protegernos de la lluvia.
¡Allí había gente con bolsas de basura de esas industriales llenas hasta arriba! Nosotros, a pesar de nuestra poca práctica, pudimos recoger un par y descubrir que aquellos dulces eran como una especie de panes recubiertos de merengue (bastante espesos, la verdad).
Así pues, aunque el premio no acabó de gustarnos, no podemos negar que pasamos un rato muy divertido. Podéis comprobarlo en el siguiente vídeo…
Un paseo por las callejuelas de Aveiro
Aunque el recuerdo más grato que guardamos de Aveiro son las fiestas de São Gonçalinho, en realidad habíamos ido para conocer este pueblo que recibe el sobrenombre de la Venecia portuguesa. ¿Por qué? Pues porque hay numerosos canales por los que navegan los llamados moliceiros, unas embarcaciones que recuerdan a las góndolas y que pasean a los turistas. El día no acompañaba mucho para dar un paseo, pero que sepáis que los billetes se pueden comprar justo antes de subir o en la oficina de turismo (Rua João Mendonça, 8). Nosotros nos conformamos con contemplar sus coloridas decoraciones que reproducen escenas de todo tipo (románticas, religiosas, satíricas…).
Además, cuando la lluvia nos daba alguna tregua paseamos por las callejuelas del centro histórico hasta llegar a la Sé de Aveiro, la catedral. Si visitáis esta ciudad durante los meses de verano, se dice que es muy recomendable ir hasta sus playas.
Sinceramente, el pueblo es muy bonito y vale la pena pasar unas cuantas horas descubriendo sus callejuelas y sus canales. A nosotros la lluvia nos aguó un poco el día, pero realmente es una excursión muy recomendable para hacer desde Oporto.



























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